Cómo afrontar una crisis matrimonial desde el Islam

Alhamdulillāh.
Alabamos a Allah, Creador del universo. Testificamos que nada ni nadie merece ser adorado excepto Allah, y que Muhammad ﷺ es Su último Profeta y Mensajero.

El matrimonio como refugio y misericordia

Siervos de Allah, una de las mayores señales de Allah en la Tierra es que creó para el ser humano un hogar, un refugio y una compañía de su misma naturaleza. Un lugar al que regresar después del cansancio de la vida y en el que encontrar afecto, misericordia y tranquilidad.

«Y entre Sus signos está haber creado para vosotros cónyuges de entre vosotros mismos, para que encontréis sosiego en ellos, y dispuso entre vosotros amor y misericordia. En ello hay signos para quienes reflexionan».

Corán. Sura Ar-Rúm (Los Romanos), 30:21

Observad esta expresión: «para que encontréis sosiego». Allah no dijo que el matrimonio se estableciera para que uno dominara al otro, para que se humillaran mutuamente o para que compitieran por ver quién consigue imponerse.

Dijo que fue creado para encontrar tranquilidad. El matrimonio es, en su origen, sakīna: serenidad, paz interior, consuelo, calma y sosiego. Y junto a esta serenidad se encuentra la raḥma, la misericordia.

Cuando estas cualidades desaparecen del hogar, algo necesita ser reparado.

El conflicto no es el problema; la injusticia sí

Creyentes, desgraciadamente, en nuestros días han aumentado las separaciones, los divorcios y los conflictos matrimoniales. Cada día llegan numerosos mensajes y casos que requieren orientación, mediación y ayuda para encontrar una solución.

La palabra «divorcio» se ha vuelto demasiado frecuente en muchas lenguas. Algunas personas la pronuncian ante el menor enfado y la levantan como una amenaza en cada discusión. Esto es peligroso, porque el matrimonio es un compromiso solemne ante Allah y ante las personas.

Un hogar no suele derrumbarse en un solo día. Primero se agrieta con una palabra hiriente, una mirada de desprecio, un silencio utilizado como castigo o una ira que nadie ha sabido controlar. En ocasiones, algunos familiares, en lugar de apagar el fuego, lo avivan todavía más.

El desacuerdo entre los esposos no es algo extraño. Es normal que existan diferencias, porque las personas tienen caracteres, educaciones, sensibilidades, personalidades y capacidades distintas para soportar las cargas de la vida.

El peligro no está simplemente en que aparezca un desacuerdo, un conflicto o un malentendido. El verdadero peligro está en gestionarlo sin temor de Allah y sin obedecer los principios que Él ha establecido.

Quien convierte su lengua en un látigo, el dinero en un arma, los hijos en un instrumento de presión y la familia en un ejército de combate ha sacado el conflicto del camino de la justicia y lo ha llevado al terreno de la opresión.

«Convivid con ellas de manera reconocida como buena. Y si algo de ellas os disgusta, puede que os desagrade algo en lo que Allah ha puesto mucho bien».

Corán. Sura An Nisá (Las Mujeres), 4:19

El maʿrūf, aquello que se reconoce como bueno y honorable, debe convertirse en el carácter del hogar. Significa justicia en el trato, suavidad y paciencia ante las imperfecciones.

Quien exige todos sus derechos, pero olvida por completo sus obligaciones, rompe el equilibrio de la convivencia.

La excelencia se demuestra dentro de casa

El Profeta ﷺ dijo:

«Los mejores de vosotros son quienes mejor tratan a sus familias, y yo soy quien mejor trata a su familia».

Recogido en Ŷāmiʿ al-Tirmidhī, 3895

La excelencia de una persona no se mide únicamente por su comportamiento en público, por su apariencia ante la gente o por las palabras que pronuncia cuando todos la observan.

También se mide allí donde nadie aplaude: en el trato con la esposa, con el marido, con los hijos y con el resto de la familia.

El Profeta ﷺ también dijo:

«El fuerte no es quien vence a los demás en la lucha. El fuerte es quien se domina a sí mismo cuando está enfadado».

Recogido en Ṣaḥīḥ al-Bujārī, 6114, y Ṣaḥīḥ Muslim, 2609

La fuerza dentro del hogar no consiste en levantar la voz, romper el corazón del otro o silenciarlo mediante el miedo y la presión. La verdadera fuerza consiste en recordar que Allah nos ve incluso cuando nadie más nos está viendo.

Cuando la crisis exige mediación

Queridos hermanos y hermanas, el Islam no dejó el hogar abandonado al capricho y a la ira cuando llega una crisis. Estableció un camino para intentar reparar el daño y buscar la reconciliación.

«Si teméis una ruptura entre ambos, designad un árbitro de la familia de él y otro de la familia de ella. Si ambos desean reconciliarse, Allah hará que lleguen a un acuerdo. Allah todo lo sabe y está bien informado».

Corán. Sura An Nisá (Las Mujeres), 4:35

Esta aleya establece una base fundamental para tratar los conflictos matrimoniales. Cuando el problema ha crecido, no debe dejarse en manos del nafs, del ego, del orgullo, del kibr o de la arrogancia. Tampoco debe convertirse en un escándalo o en una exposición pública.

El conflicto debe conducirse con ḥikma, sabiduría, y de acuerdo con nuestro dīn. Debe tratarse con discreción, justicia y responsabilidad.

No todos los familiares sirven como mediadores. El mediador no es quien defiende ciegamente a los suyos sin atender a la verdad. Tampoco es quien se coloca automáticamente del lado de su hijo o de su hija por fanatismo familiar.

El verdadero mediador es quien teme a Allah, escucha a ambas partes, identifica el daño y no adula a quien ha cometido una injusticia. Es capaz de decirle al injusto: «Teme a Allah», y a la persona perjudicada: «Tu derecho no debe perderse».

Allah dice: «Si ambos desean reconciliarse, Allah hará que lleguen a un acuerdo». Esto nos enseña que la ayuda de Allah no desciende sobre la manipulación, las mentiras, el engaño ni la soberbia.

No llega a quien afirma que quiere solucionar el problema cuando, en realidad, su único objetivo es vencer. La ayuda de Allah llega allí donde existe una intención sincera de reparar.

Reconciliar no significa encubrir el daño

Una de las grandezas del Islam es que llama a la reconciliación, pero no convierte esa reconciliación en una cortina con la que ocultar la injusticia.

«La reconciliación es mejor, aunque las almas sean propensas a la avaricia. Pero si hacéis el bien y tenéis taqwā, Allah está bien informado de cuanto hacéis».

Corán. Sura An Nisá (Las Mujeres), 4:128

La reconciliación es mejor cuando se construye sobre la verdad, el temor consciente de Allah y la eliminación del daño. Pero una reconciliación que mantiene la injusticia, perpetúa la opresión, obliga a la persona perjudicada a guardar silencio o destruye sus derechos no es una verdadera reconciliación.

El Profeta ﷺ estableció una regla fundamental:

«No debe causarse daño ni responder al daño con otro daño».

Lā ḍarar wa-lā ḍirār. Recogido en Sunan Ibn Māŷah, 2340

Por eso, no está permitido que un marido convierta su responsabilidad en opresión, que una esposa convierta su dolor en destrucción o que una familia transforme el consejo en provocación.

Cuando existen violencia, amenazas, coacción o peligro para la vida de una persona o para sus hijos, ya no estamos ante una discusión matrimonial normal. El caso debe llevarse ante personas de conocimiento y criterio y, especialmente, ante las autoridades y la justicia, para proteger las vidas y eliminar el daño.

No convirtáis los hogares en tribunales gobernados por el ego. El objetivo no debe ser únicamente ganar, sino reparar.

La primera pregunta no debería ser solamente: «¿Qué me ha hecho?», sino también: «¿Qué he hecho yo ante Allah?»

A veces, un hogar puede salvarse con una disculpa sincera. A veces, dos esposos pueden encontrar una salida mediante una conversación tranquila, una reunión en paz y una buena comunicación.

Y, a veces, un hijo puede salvarse con una sola palabra de misericordia entre sus padres, antes de aprender que el matrimonio solo significa miedo, gritos, insultos y tensión.

Temed a Allah en vuestros hogares. Temed a Allah en el uso de vuestras lenguas. Temed a Allah respecto a vuestros hijos. Y sabed que quien repara su relación con Allah encontrará también Su ayuda para reparar la relación con las personas.

Siete reglas para afrontar el conflicto matrimonial

La reconciliación entre los esposos no es un lema que se pronuncia. Es un método que debe aplicarse. Entre sus reglas más importantes se encuentran las siguientes:

  1. No gestionéis el conflicto en el punto más alto de la ira. Cuando la ira domina a la persona, la razón se debilita, la lengua se alarga y pueden pronunciarse palabras de las que después será demasiado tarde arrepentirse.
  2. Respetad la inviolabilidad de la palabra. No debe haber insultos, maldiciones, desprecio, palabrotas ni una enumeración interminable de todos los errores del pasado. Cuando una palabra hiere, no basta con decir después: «Estaba enfadado».
  3. Proteged los secretos del hogar. No todo el que escucha sabe aconsejar, ni toda persona cercana sabe reparar. Es un grave error convertir la intimidad matrimonial en tema de conversación en cada reunión, llamada telefónica o mensaje.
  4. Buscad personas sabias, no fanáticas. El mediador sincero reduce el fuego en lugar de alimentarlo. Tiene misericordia con ambas partes, pero no adula ni justifica a quien ha cometido una injusticia.
  5. Estableced condiciones claras para la reconciliación. No basta con afirmar que la pareja se ha reconciliado mientras continúan intactas las causas del conflicto. Hay que definir qué conducta debe terminar, qué debe cambiar, cómo se realizará el seguimiento y de qué manera se protegerán los derechos.
  6. No convirtáis a los hijos en instrumentos de venganza. El niño quizá no comprenda todos los detalles del conflicto, pero recuerda las voces elevadas, los gritos, los rostros endurecidos y el miedo que quedó grabado en su pecho.
  7. Si finalmente llega la separación, que se produzca con excelencia. El Islam exige buen trato tanto durante la convivencia como cuando esa convivencia ya no puede continuar.

También la separación exige excelencia

El mismo Islam que ordena el buen trato durante la convivencia exige también dignidad y justicia cuando llega la separación.

«Conservadlas de manera honorable o dejadlas marchar de manera honorable. No las retengáis para causarles daño y transgredir».

Corán. Sura Al-Báqara (La Vaca), 2:231

No debe haber difamaciones, mentiras, acusaciones inventadas, apropiación de derechos, venganzas ni guerras libradas a través de los hijos. El final de la convivencia no convierte en lícito aquello que antes era injusto.

Una comunidad fuerte sabe reparar

Siervos de Allah, una comunidad fuerte no es aquella en la que nunca aparecen problemas. Los problemas siempre existirán.

Una comunidad fuerte es aquella que sabe afrontar sus conflictos con los principios y valores de su religión, con razón, misericordia y justicia.

Pedimos a Allah que repare nuestros hogares, que una nuestros corazones y que nos guíe hacia los mejores modales.

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Video original en YouTube:
https://www.youtube.com/watch?v=g89jtEpW8OY