Los incendios de Madrid y el deber de cuidar al vecino

Cuando las llamas se apagan, permanece el deber

Alabamos a Allah, Señor del universo, y pedimos que la paz y las bendiciones sean sobre nuestro último Profeta ﷺ y Mensajero, Muhammad, sobre su familia, sus compañeros y sobre todos aquellos que sigan su camino hasta el Día del Juicio.

Queridos hermanos y hermanas creyentes: durante las últimas semanas, Madrid y algunas de las zonas que la rodean han sufrido incendios que han causado daños en la naturaleza y en numerosos bienes, y que han llevado el miedo y la preocupación a muchas familias y habitantes.

Gracias a Allah, subḥānahu wa taʿālā, las llamas han podido ser apagadas. Y debemos agradecer también a los bomberos, a los equipos de rescate, a los médicos y enfermeros, a los voluntarios, a los responsables de seguridad y a las autoridades que han realizado grandes esfuerzos para proteger las vidas de las personas y atender las zonas afectadas.

Pero hoy, cuando las llamas ya se han calmado, permanece otro deber: no olvidar a quienes siguen sufriendo sus consecuencias. Permanecer junto a las familias necesitadas, ayudar a nuestros vecinos y transformar la preocupación en misericordia, y la misericordia en una acción útil y duradera.

La prueba no termina cuando se apaga la última chispa

Las llamas pueden apagarse. El humo puede desaparecer. El sonido de los vehículos de emergencia puede dejar de escucharse. Sin embargo, las consecuencias de una calamidad no desaparecen en una o dos semanas.

Detrás de cada vivienda dañada existe una familia que necesita que alguien pregunte por ella. Hay personas que han perdido bienes, tranquilidad y seguridad, y que continúan necesitando apoyo cuando las cámaras se han marchado y la atención de los demás se dirige hacia otra parte.

La prueba no termina cuando se apaga la última chispa. Después comienza el deber de la fidelidad, la responsabilidad de acompañar a quienes sufren y la obligación de devolver la esperanza a los corazones.

Allah, el Altísimo, nos ordena cooperar en el bien y en la conciencia de Allah, y no cooperar en el pecado ni en la agresión (Corán, 5:2). La bondad consiste también en mantenerse firme en el bien, ser leal con quien necesita ayuda y seguir preguntando por el vecino después de que los demás hayan dejado de prestarle atención.

El derecho del vecino en tiempos de calamidad

Dentro de nuestra comunidad musulmana existen familias que han sufrido daños y a las que quizá el pudor y la dignidad les impiden pedir ayuda. Pero en los pueblos de los alrededores de Madrid también hay vecinos de diferentes religiones y orígenes que han sufrido el mismo miedo y las mismas pérdidas.

El deber del musulmán es ser una misericordia para quienes lo rodean y preguntar por la persona necesitada debido a su necesidad, no por su nombre, su color, su origen o su religión.

El Profeta ﷺ dijo que el arcángel Gabriel continuó recomendándole el buen trato hacia el vecino hasta el punto de que llegó a pensar que lo convertiría en heredero. El derecho del vecino ocupa, por tanto, un lugar enorme en el Islam, y ese derecho adquiere todavía mayor importancia en momentos de miedo, enfermedad y calamidad.

No forma parte del buen trato al vecino escuchar que necesita ayuda y no preguntar por él. Tampoco saber que una familia ha perdido parte de sus pertenencias y pensar que ese es asunto de otros.

El creyente sincero no vive únicamente para sí mismo, sino que lleva también en su corazón la preocupación por quienes lo rodean.

Allah ayuda a quien ayuda

El Profeta ﷺ enseñó que Allah ayuda a Su siervo mientras el siervo ayuda a su hermano. También enseñó que quien atiende la necesidad de su hermano encontrará la ayuda de Allah, y que quien alivia una dificultad ajena encontrará alivio ante sus propias dificultades.

Ayudar a una persona necesitada, proteger discretamente a una familia, aliviar una angustia o devolver la esperanza al corazón de una persona afligida son acciones cuyo valor puede ir mucho más allá de aquello que vemos en este mundo.

Por eso, cuando una calamidad golpea a quienes tenemos cerca, no deberíamos preguntarnos únicamente qué ha sucedido. También debemos preguntarnos: ¿qué podemos hacer nosotros ahora?

Ayudar sin herir la dignidad

Queridos hermanos y hermanas musulmanes: la ayuda que Allah ama es aquella que protege la dignidad del ser humano.

Allah, el Altísimo, advierte a los creyentes que no invaliden sus limosnas recordando el favor realizado ni causando daño a quien las recibe (Corán, 2:264).

La ayuda debe darse con discreción. Debemos interesarnos por la situación de las personas con delicadeza, comprobar qué necesitan sin avergonzarlas y preservar siempre su dignidad. Una persona no debería tener que perder su intimidad o sentirse humillada para poder recibir nuestra ayuda.

No se trata únicamente de dar. También importa cómo se da, cómo se pregunta y cómo se acompaña.

la ayuda que Allah ama es aquella que protege la dignidad del ser humano.

Agradecer a Allah y agradecer a quienes sirven

Todo esto forma también parte del agradecimiento. En primer lugar, agradecemos a Allah que nos haya protegido y ayudado, y reconocemos esta bendición. Pero también debemos reconocer el mérito de aquellas personas que han servido a la sociedad y han trabajado para proteger nuestras vidas.

Agradecemos a los bomberos, a los equipos de rescate, a los médicos y enfermeros, a los responsables de seguridad, a los voluntarios y a todas las personas que han entregado su tiempo y su esfuerzo para proteger a los demás y sus bienes.

El agradecimiento no debe quedarse únicamente en las palabras. Debe llevarnos también a reconocer el bien que hacen los demás y a preguntarnos de qué manera podemos contribuir nosotros.

Que nuestras mezquitas sean puentes de misericordia

Que nuestras mezquitas sean casas de adoración a Allah, pero también escuelas de buena conducta, espacios de misericordia y puentes de cooperación con nuestros vecinos y con toda la sociedad.

El Profeta ﷺ enseñó que no debemos despreciar ninguna buena acción, por pequeña que pueda parecernos. A veces pensamos que nuestra ayuda es insuficiente porque no podemos resolver por completo el problema de una familia o reparar todo el daño provocado por una calamidad. Pero una buena acción no deja de ser buena porque sea pequeña.

Preguntar por alguien, acompañarlo, ofrecerle aquello que necesita, ponerlo en contacto con quien puede ayudarlo o simplemente hacerle sentir que no está solo puede tener un valor enorme.

Convertir la preocupación en una acción

Que nuestra ayuda llegue a toda persona necesitada, sin distinción por religión, origen, lengua o nacionalidad. Las calamidades nos recuerdan nuestra fragilidad, pero también nos ofrecen la oportunidad de demostrar qué clase de comunidad queremos ser.

Las llamas pueden apagarse, pero nuestro deber hacia quienes han sufrido no termina con ellas. Mientras quede una familia preocupada, una persona necesitada o un vecino que necesite apoyo, existe todavía una oportunidad para la misericordia, la solidaridad y el bien.

Pedimos a Allah, el Altísimo, que nos proteja de toda calamidad, que proteja a nuestras familias de todo mal, que nos ayude a recordarlo, agradecerle y adorarlo de la mejor manera, y que conceda alivio y protección a quienes atraviesan dificultades.

Video original en YouTube:
https://www.youtube.com/watch?v=uho19N1PLTY