Muéstrame el mercado: una enseñanza islámica sobre el sustento

La mano que da: El Islam levanta al ser humano

Alabado sea Allah. Lo alabamos, buscamos su ayuda, pedimos su perdón y nos refugiamos en Él del mal de nuestras almas y de nuestras malas obras.

Atestiguo que no hay nada ni nadie que merezca ser adorado excepto Allah, Único y sin asociado. Y atestiguo que nuestro Profeta Muhammad ﷺ es su Siervo y Mensajero.

Hermanos y hermanas: el Islam no vino para formar personas débiles, perezosas, dependientes o humilladas. El Islam vino para levantar al ser humano. Vino para formar creyentes fuertes en la fe, con dignidad, responsabilidad, trabajo, honestidad y manos limpias.

El creyente no vive preguntándose siempre: “¿Quién me va a dar? ¿Quién me mantiene? ¿Quién me ayuda? ¿Quién me soluciona la vida? ¿Quién carga conmigo?”. El creyente debe preguntarse otra cosa: ¿Qué puedo aportar yo? ¿Qué puedo aprender para mejorarme y mejorar? ¿Qué necesita la gente? ¿Qué servicio puedo ofrecer? ¿Qué puedo vender de forma halal? ¿Cómo puedo mantener a mi familia con honor? ¿Cómo puedo pasar de recibir a dar?

El Islam no forma creyentes débiles.

La confianza en Allah no es quedarse sentado

Allah subhanahu wa ta‘ala es ar-Razzaq, el Proveedor, el Sustentador, el que da. Todo sustento viene de Él. Pero creer que Allah provee no significa quedarse sentado sin hacer nada. Creer en Allah no significa abandonar las causas. Creer en el rizq, en el sustento, no significa vivir de excusas.

“Él es quien hizo la tierra dócil para vosotros. Caminad por sus caminos y comed de su provisión. Y hacia Él será la resurrección”.

Sura Al-Mulk (El Dominio, 67:15).

Fijaos bien: Allah dice “caminad”. No dice “quedaos sentados”. La provisión viene de Allah, pero el esfuerzo lo tiene que poner el ser humano, el siervo.

El verdadero tawakkul, la verdadera confianza en Allah, no es cruzarse de brazos. El verdadero tawakkul es levantarse, moverse, aprender, formarse, trabajar, comerciar, buscar lo halal y después confiar el resultado a Allah subhanahu wa ta‘ala.

“Cuando termine la oración, dispersaos por la tierra, buscad el favor de Allah y recordad mucho a Allah para que prosperéis”.

Sura Al-Jumu'ah, 62:10

La mezquita purifica el corazón, pero el mercado revela nuestro carácter.

Muéstrame el mercado

Hermanos y hermanas, una de las escenas más grandes de la vida de los sahaba, los compañeros del Profeta ﷺ, es la historia de Abdurrahman ibn Auf, que Allah esté complacido con él.

Abdurrahman ibn Auf emigró de La Meca a Medina. Dejó atrás su riqueza, su casa, su estabilidad y su posición. Llegó como emigrante por la causa de Allah, sin nada. Dejó todo lo que tenía y empezó desde cero en Medina.

El Profeta ﷺ estableció la hermandad entre los Ansar, los musulmanes de Medina, y los Muhajirun, los emigrados de La Meca. Y estableció la hermandad entre Abdurrahman ibn Auf y Sa‘d ibn ar-Rabi‘, que Allah esté complacido con ambos.

Sa‘d era uno de los nobles de los Ansar y le ofreció compartir su riqueza para ayudarle a rehacer su vida. Fue un gesto enorme de hermandad, generosidad y nobleza.

Pero Abdurrahman ibn Auf no convirtió aquella generosidad en dependencia. No dijo: “Dame más”. No dijo: “Mantenme”. No dijo: “Cárgame”. No dijo: “Resuélveme la vida, que yo he venido desde cero”.

Dijo una frase que debería escribirse en el corazón de nuestros jóvenes y no tan jóvenes; en las casas de los musulmanes, en los negocios, en los trabajos, en los proyectos de inmigrantes y expatriados, y en la memoria de todo aquel que quiere vivir con dignidad halal:

“Que Allah bendiga tu familia y tu riqueza. Muéstrame el mercado”.

Qué frase tan grande: muéstrame el mercado.

Significa: muéstrame dónde se trabaja. Muéstrame dónde hay producción. Muéstrame qué necesita la gente. Muéstrame cuál es la demanda de productos o servicios. Muéstrame qué se compra y qué se vende. Muéstrame por dónde puedo empezar a rehacer mi vida.

Muéstrame el camino para pasar de la necesidad a la productividad.

Abdurrahman ibn Auf agradeció la generosidad de su hermano en el Islam, pero no la explotó. Hizo dua'a por él. No envidió su riqueza. Aceptó su hermandad, pero no la utilizó para depender del dinero ajeno.

Entró en el mercado. Comerció. Con el tiempo ganó, creció y construyó su vida en lo halal, hasta llegar a ser uno de los hombres más ricos y más generosos de la historia del Islam.

Así es el creyente. Se cae y se levanta. Si necesita ayuda, la acepta con dignidad. Si Allah le da fuerza, trabaja. Y si Allah le da riqueza, ayuda a otros.

Ayudar al necesitado no es alimentar la dependencia

Ayudar al necesitado no es alimentar la dependencia

Hermanos y hermanas, hablemos con justicia. No estamos hablando contra el pobre sincero. No estamos hablando contra el enfermo, el anciano, la persona incapaz, la viuda, el huérfano, el endeudado real o quien atraviesa una necesidad verdadera de fuerza mayor.

El Islam es religión de misericordia, y el zakat es un derecho que Allah legisló para quienes lo merecen. Quien realmente necesita no debe ser humillado ni señalado.

Pero una cosa es ayudar al necesitado y otra cosa es convertir la ayuda en una costumbre sin necesidad. Una cosa es caer y necesitar una mano que te levante, y otra muy distinta es poder levantarte y elegir vivir siempre con la mano extendida.

Y otra cosa, todavía más grave, es abusar de la generosidad de la gente o tomar lo que no te corresponde.

La mano que da es mejor que la mano que recibe

El Profeta ﷺ dijo:

“La mano superior es mejor que la mano inferior”.

Es decir: la mano que da es mejor que la mano que recibe.

Por eso, no hagas que tu sueño sea recibir siempre. Haz que tu aspiración sea llegar a dar, mantener a tu familia, pagar tus deudas, ayudar a tus padres, dar sadaqa y zakat, y abrir puertas de sustento para otras personas.

El Profeta ﷺ también dijo que nadie come un alimento mejor que el que gana con el trabajo de sus propias manos, y que el profeta Dawud, la paz sea con él, comía del trabajo de sus propias manos.

Así que no desprecies ningún trabajo halal. No hay vergüenza en limpiar, vender, comprar, repartir, reparar, aprender un nuevo oficio o empezar desde cero.

La vergüenza no está en el trabajo lícito. La vergüenza está en el engaño, en lo ilícito, en lo haram, en comerse el dinero de la gente injustamente y en abandonar el trabajo teniendo capacidad para trabajar.

Una espalda cansada por lo lícito

El Profeta ﷺ dijo que es mejor para una persona tomar una cuerda, cargar leña sobre su espalda y venderla, antes que ir a pedir ayuda a la gente, tanto si le dan como si no le dan.

Este hadiz rompe la falsa vergüenza. Un trabajo humilde pero halal es mejor que una comodidad construida sobre pedir sin necesidad.

Una espalda cansada por lo halal es más honorable ante Allah que una mano extendida por pereza o codicia.

El Profeta ﷺ advirtió también que quien pide a la gente sus bienes para aumentar lo que ya tiene, en realidad está pidiendo brasas de fuego. Eso no habla del necesitado sincero. Habla de quien pide para acumular, para descansar sobre los hombros de otros o para tomar lo que no le pertenece.

El musulmán representa al Islam con su conducta

Hermanos, quien vive en un país no musulmán debe tener todavía más cuidado, porque mucha gente no conoce el Islam por los libros. Lo conoce por el comportamiento de los propios musulmanes.

Vivir entre no musulmanes no permite la injusticia, ni el fraude, ni la mala conducta, ni comerse el dinero de la gente falsamente. Al contrario: exige más educación, más formación, más verdad, más cumplimiento y más responsabilidad.

El musulmán que vive en cualquier lugar respeta la ley justa, cumple sus contratos, paga sus deudas, respeta al vecino, no engaña con papeles ni documentación y no toma ayudas que no le corresponden.

No daña el nombre del Islam por dinero fácil.

Educar en la oración, el trabajo y la excelencia

Padres y madres: eduquemos a nuestros hijos en la oración, en el trabajo, en el Corán, en el aprendizaje de nuevos oficios y habilidades, en la identidad islámica y en la excelencia profesional.

Que lo que hagamos, lo hagamos de la mejor manera.

No eduquéis a vuestros hijos solo para pedir derechos. Eduquémonos todos también para cargar con responsabilidades.

Querido hermano, querida hermana, joven musulmán: aprende el idioma del país donde vives. Aprende una profesión, o varias. Aprende habilidades y oficios. Aprende ventas, administración, tecnología, mantenimiento, reparación, logística o cualquier habilidad útil y halal que te permita sustentarte honradamente, insha Allah.

Mira qué necesita la gente. Mira qué falta en tu zona. Mira qué servicio puede hacerse mejor. Empieza pequeño, pero empieza.

No digas: “No hay oportunidades” si no has tocado puertas. No digas: “Nadie me ayuda” si todavía no has desarrollado habilidades. No digas: “No puedo” cuando Allah te ha dado mente, inteligencia, salud, tiempo, cuerpo y oportunidad para formarte, aprender y adquirir experiencia.

Un corazón unido a Allah y unas manos trabajando

Necesitamos musulmanes fuertes que abran proyectos halal. Musulmanes que creen y generen empleo. Musulmanes que traten bien a sus trabajadores y que no engañen a sus clientes.

Volvamos a esa frase poderosa: muéstrame el mercado.

Que sea el lema para el joven sin dirección, para el inmigrante o expatriado que empieza de nuevo, para el padre que carga con su familia, para el comerciante que quiere crecer con lo halal y para la comunidad que quiere levantarse.

“Muéstrame el mercado” significa: no quiero vivir de excusas.

Significa: mi corazón depende de Allah, pero mis manos trabajan.

Significa: no quiero ser una carga si puedo ser una fortaleza.

Que Allah nos conceda un sustento lícito, limpio y bendecido. Que nos aleje de lo prohibido, del engaño y de la dependencia injusta. Que fortalezca a los musulmanes, alivie a los necesitados y nos haga de quienes trabajan, agradecen y dan.

Video original YouTube:
https://www.youtube.com/watch?v=wYNwiYWkn1E