Adil Mohamed Hachmi: de Ceuta a la mezquita de la M-30
Adil Mohamed Hachmi nació en Ceuta en 1987. Creció en Hadu, estudió en el CC Severo Ochoa y en el IES Abyla, y antes de iniciar su formación religiosa trabajó como ingeniero de transmisiones en el cuartel Coronel Fiscer.
Su trayectoria cambió en 2008, durante un viaje a La Meca. Allí decidió presentar la solicitud, realizar la entrevista y superar los exámenes para estudiar en la Universidad Islámica de Medina. Aquel paso abrió una etapa decisiva en su vida.

Durante cerca de ocho años se formó en lengua árabe y estudios islámicos. Después cursó un año en la Facultad de Jurisprudencia y finalmente se licenció en Predicación y Teología en Ciencias Islámicas. Él mismo recuerda aquella etapa como una de las más importantes y luminosas de su vida.
La importancia de formar líderes religiosos españoles
En la entrevista concedida a El Faro de Ceuta, Adil Mohamed Hachmi destacó una necesidad esencial para las comunidades musulmanas en España: contar con líderes religiosos formados, nacidos o criados en el propio país, capaces de comprender su cultura, su mentalidad y su realidad social.
Esta idea atraviesa buena parte de su visión. No basta con tener conocimiento religioso. También es necesario conocer el contexto donde ese conocimiento se transmite. Un guía espiritual debe entender la vida concreta de las personas a las que acompaña: sus preguntas, sus tensiones familiares, su relación con la sociedad, sus dificultades y sus esperanzas.
Por eso defiende la necesidad de imames y responsables religiosos formados en profundidad, pero también arraigados en la realidad española. Personas capaces de hablar desde el Islam y, al mismo tiempo, desde el conocimiento directo del país donde viven sus comunidades.

Un puente para transmitir el verdadero mensaje del Islam
Antes de asumir su responsabilidad en Madrid, Adil Mohamed Hachmi desarrolló una intensa labor de divulgación del Islam a través de las nuevas tecnologías. Muchas entidades, mezquitas, centros y asociaciones acudían a él por su formación y especialización.
Su propósito era claro: servir de puente para transmitir el verdadero mensaje del Islam. Un mensaje que él define desde la paz, la aportación positiva y el compromiso con la sociedad.
Esta dimensión divulgativa no es un elemento secundario de su trayectoria. Forma parte de una vocación más amplia: explicar, acercar, ordenar y hacer comprensible el conocimiento religioso en un entorno plural.
En ese sentido, su trabajo combina enseñanza, predicación, acompañamiento comunitario y una preocupación constante por dejar una buena huella en la sociedad.

Su llegada al Centro Cultural Islámico de Madrid
A finales de 2020 comenzó a ejercer como sermonista de los viernes en el Centro Cultural Islámico de Madrid. En enero de 2021 fue nombrado imam, responsable de Asuntos Religiosos y sermonista del centro, conocido popularmente como la mezquita de la M-30.
Se trata del principal templo musulmán de la capital y del centro cultural islámico más grande de España. Con una superficie aproximada de 13.000 metros cuadrados, es también uno de los complejos islámicos de mayor tamaño de Europa.
Su responsabilidad allí no se limita a dirigir las oraciones. Incluye la toma de decisiones administrativas, la supervisión de proyectos y actividades, la atención institucional a entidades oficiales del Estado y a visitantes del centro, así como la preparación de los sermones de los viernes.
Además, su labor comprende la emisión de orientaciones religiosas, la resolución de conflictos, la mediación en conflictos matrimoniales y la realización de matrimonios o divorcios conforme al rito musulmán.
Es una tarea amplia, exigente y delicada. Porque el imam no solo ocupa un lugar en la oración. También acompaña momentos decisivos de la vida personal, familiar y comunitaria.
Madrid, Ceuta y una misma comunidad de fe
Preguntado por las diferencias entre vivir el Islam en Ceuta y en Madrid, Adil Mohamed Hachmi señaló que no percibe una distancia tan grande como podría parecer. En Madrid hay miles de musulmanes, aunque con menos centros religiosos en proporción que en Ceuta.
El Centro Cultural Islámico de Madrid puede acoger hasta 4.000 fieles, aunque en el momento de la entrevista las restricciones derivadas de la COVID habían reducido el aforo al 30%.
La comparación entre Ceuta y Madrid permite ver una de las claves de su trayectoria: su identidad ceutí no desaparece al ejercer en la capital. Al contrario. Su experiencia en una ciudad marcada por la pluralidad cultural y religiosa alimenta su forma de entender la convivencia.
Adil Mohamed Hachmi reconocía echar mucho de menos Ceuta. Y no cerraba la puerta a regresar algún día para apoyar a su comunidad, siempre desde una idea amplia de servicio: trabajar por el bienestar social de todos los ciudadanos.

Convivencia, equidad y bien común
Desde la distancia, Hachmi describía la realidad de Ceuta como una coexistencia con brechas que deben ser atendidas. Su propuesta no pasaba por reforzar divisiones, sino por avanzar juntos, sin distinción de credo, origen étnico, cultura o género.
En su visión, la convivencia requiere una actitud activa. No basta con vivir unos junto a otros. Es necesario apoyarse, mejorar las condiciones de la ciudad y del país, dejar de lado las diferencias cuando impiden trabajar por el bien común y cultivar el respeto hacia lo diferente.
También advirtió contra dos riesgos sociales frecuentes: la cultura del victimismo y el rechazo al otro. Frente a ello, defendió una convivencia basada en la equidad, la justicia, la tolerancia y la mejora real de la calidad de vida de todos los ceutíes.
Su mensaje es claro: la fe no debe convertirse en frontera, sino en una fuerza de responsabilidad, servicio y construcción comunitaria.
La fe no debe convertirse en frontera, sino en una fuerza de responsabilidad, servicio y construcción comunitaria.
La enseñanza religiosa y el marco institucional
La entrevista también abordó la enseñanza de Religión Islámica en Secundaria, una reclamación histórica de la comunidad musulmana de Ceuta.
Adil Mohamed Hachmi defendió su necesidad para evitar espacios clandestinos de formación y favorecer una enseñanza ordenada, reconocible y con materiales adecuados. Al mismo tiempo, situó esta cuestión dentro de la realidad española: un país aconfesional donde existen sensibilidades diversas sobre la presencia de las religiones en colegios e institutos.
Sobre los acuerdos de cooperación del Estado con la Comisión Islámica de España de 1992, valoró positivamente el avance realizado por la Comisión Islámica, a la que atribuyó una labor importante en el desarrollo institucional de la comunidad musulmana en España.
Este punto muestra otra dimensión de su pensamiento: la integración no depende solo de la buena voluntad individual. También necesita instituciones, formación, acuerdos, representación y cauces legales que permitan vivir la fe con normalidad dentro del marco común.

Una responsabilidad que va más allá del púlpito
La trayectoria de Adil Mohamed Hachmi reúne varios planos: el arraigo ceutí, la formación islámica internacional, la divulgación mediante nuevas tecnologías, el liderazgo religioso en Madrid y la mediación en asuntos familiares y comunitarios.
Su figura permite entender mejor el papel que pueden desempeñar los líderes religiosos musulmanes españoles en el presente: no como voces aisladas dentro de sus comunidades, sino como interlocutores capaces de unir conocimiento religioso, comprensión social y responsabilidad pública.
En su caso, el sermón, la enseñanza, la mediación y la representación institucional forman parte de una misma labor: acompañar a la comunidad musulmana y contribuir, desde el Islam, a una convivencia más justa, consciente y compartida.
Fuente: entrevista publicada por El Faro de Ceuta el 14 de marzo de 2021.








