Al-ḥamdu lillāhi rabbi l-ʿālamīn.
Alabado sea Allah, Señor del universo. Él conoce lo secreto y lo más oculto, y acepta el arrepentimiento de Sus siervos. Lo alabamos, buscamos Su ayuda y Le pedimos perdón. Damos testimonio de que nada ni nadie merece ser adorado excepto Allah, y de que Muhammad ﷺ es Su siervo y Mensajero.
Lo que somos cuando nadie nos ve
Hermanos y hermanas creyentes, todos tenemos una vida que los demás ven y otra que permanece lejos de sus miradas. Allah conoce tanto lo que mostramos como lo que ocultamos en nuestro interior.
Preguntémonos: ¿qué hay entre nosotros y Allah cuando nadie nos ve? ¿Hay una súplica sincera, un acto de adoración que practicamos con constancia o una buena obra con la que buscamos Su complacencia?
La sinceridad y el cuidado de nuestras intenciones
La sinceridad, al-ikhlāṣ, consiste en dirigir nuestra adoración únicamente a Allah y buscar Su complacencia.
El Profeta ﷺ dijo: «Las obras dependen de las intenciones, y cada persona recibirá según su intención».
Ibn Rajab transmitió estas palabras de Sufyan al-Thawri, que Allah tenga misericordia de ambos: «Nada me ha resultado más difícil que cuidar mi intención, porque cambia continuamente».
Querido hermano, querida hermana, debemos renovar nuestras intenciones constantemente. Busca la ayuda de tu Señor y sigue haciendo el bien sin perder la esperanza. No desprecies ninguna buena obra, por pequeña que sea, mientras perseveres en ella.
Las buenas obras que permanecen en secreto
Una manera de cultivar la sinceridad es tener una buena obra que guardes en secreto, únicamente entre tú y Allah.
«Si dais limosna públicamente, está bien; pero si la ocultáis y la entregáis a los pobres, es mejor para vosotros».
(Corán, 2:271)
En el hadiz sobre las siete personas a las que Allah dará sombra el Día del Juicio, cuando no habrá otra sombra que la Suya, se menciona a un hombre que da caridad y la oculta hasta tal punto que su mano izquierda no sabe lo que ha dado su mano derecha. También se menciona a un hombre que recuerda a Allah a solas y cuyos ojos se llenan de lágrimas.
Reserva, pues, un lugar en tu vida para una caridad secreta o para un momento de recuerdo entre tú y Allah, en soledad. Y, cuando ayudes a alguien necesitado, protege su dignidad y no expongas su situación.
Hacer el bien sin buscar reconocimiento
No toda buena obra visible es ostentación, porque mostrar el bien también puede servir para enseñar a los demás o animarlos a hacerlo.
Y quien actúa por Allah y después recibe elogios de otras personas no debe abandonar su buena obra por temor a esas alabanzas.
Sobre esta situación, el Profeta ﷺ dijo: «Esa es la buena noticia anticipada que recibe el creyente».
Queridos hermanos y hermanas, la sinceridad de nuestra relación con Allah se refleja en cómo tratamos a los demás.
Y tú, que cuidas a un enfermo, que crías a tus hijos o ayudas a otros sin que reconozcan tu esfuerzo, debes saber que Allah conoce lo que haces y que Él te recompensará. Busca en Él tu recompensa y pídele ayuda cuando la necesites.
Y todos nosotros debemos agradecer a quienes hacen el bien y reconocer su gran esfuerzo.
La constancia en las buenas obras
El Profeta ﷺ dijo: «Las obras más amadas por Allah son las más constantes, aunque sean pocas».
Si fallamos, pedimos perdón a Allah; si decaemos, retomamos el camino. Y, si otros descubren nuestras buenas obras, renovemos nuestra intención y sigamos haciendo el bien.
Pedimos a Allah que purifique nuestros corazones y nuestras intenciones.
¡Oh, Allah! Haz que nuestras obras sean sinceras únicamente por Ti y conformes a la guía de Tu Profeta ﷺ.








