Malik Benaisa entrevista a Adil Hachmi: formación, Islam y comunidad

Adil Hachmi: conocimiento, servicio y responsabilidad comunitaria

En el episodio 11 de la serie De tú a tú, Malik Benaisa conversa con Adil Hachmi sobre su trayectoria personal, su formación islámica, su paso por la Universidad Islámica de Medina, su responsabilidad en el Centro Cultural Islámico de Madrid y algunas cuestiones esenciales de la vida espiritual del musulmán.

La entrevista permite conocer no solo al imam y sermonista, sino también al estudiante, al divulgador, al mediador y al servidor comunitario. Una vida marcada por una idea constante: el conocimiento no se busca para exhibirlo, sino para servir mejor.

El inicio de un camino: dejarlo todo para estudiar

Adil Hachmi recuerda que su primera umrah, en 2006, tuvo un fuerte impacto espiritual en su vida. La visita a La Meca y a la mezquita del Profeta ﷺ despertó en él una decisión profunda: cambiar el rumbo de su vida y dedicarse al conocimiento islámico.

En aquel momento tenía trabajo, actividad comercial y una vida ya encaminada. Sin embargo, en 2008 decidió dejarlo todo para presentar su solicitud de acceso a la Universidad Islámica de Medina. El proceso no fue sencillo: entrevistas, exámenes, documentación, legalizaciones, viajes, sellos y meses de espera.

Mientras aguardaba la respuesta, se trasladó a una escuela tradicional en el norte de Marruecos, en una zona dedicada desde hacía generaciones a la memorización del Corán, el aprendizaje del árabe y las ciencias religiosas. Allí vivió una disciplina intensa: se levantaban horas antes del fajr y estudiaban con métodos tradicionales, incluso con tablas de madera.

A mediados de 2009 recibió la noticia de su admisión en Medina. Aquel momento confirmó una decisión que ya había tomado interiormente: poner el conocimiento religioso en el centro de su vida.

Medina: una experiencia espiritual y académica

Adil Hachmi describe su etapa en Medina como una de las experiencias más importantes y bendecidas de su vida. No la presenta como un camino fácil ni idealizado. Hubo pruebas, dificultades, exigencia y cansancio. Pero también hubo crecimiento, aprendizaje y una cercanía constante al conocimiento.

La ciudad de Medina ocupa un lugar especial en su recuerdo. Habla de ella como una ciudad bendecida, marcada por la presencia histórica del Profeta ﷺ, por la mezquita profética y por una atmósfera de paz espiritual difícil de explicar con palabras.

Uno de los mayores desafíos fue la memorización y el estudio en árabe de distintas ciencias islámicas. Además del programa oficial de la universidad, buscó formación complementaria en la mezquita del Profeta ﷺ y con distintos maestros. Su horario, según recuerda, podía extenderse desde las cinco de la mañana hasta las once de la noche.

No quiso destacar a un único maestro. Explicó que sería injusto, porque a lo largo de su formación pasaron por su vida más de trescientas personas entre profesores, sabios, mentores y estudiantes de conocimiento. Cada uno dejó una huella: no solo en lo académico, sino también en los modales, la educación y la manera de vivir el Islam.

La riqueza de estudiar con musulmanes de todo el mundo

Uno de los aspectos que más valora de la Universidad Islámica de Medina es su diversidad. Allí convivían estudiantes de numerosos países, culturas, lenguas y realidades sociales.

Adil Hachmi explica que esa convivencia le permitió conocer mejor la situación de los musulmanes en distintas partes del mundo: sus escuelas jurídicas, sus tradiciones, sus dificultades, su historia y sus formas de vivir el Islam.

Para él, esa experiencia fue especialmente productiva porque amplió su mirada. El conocimiento no quedó limitado a los libros. También se alimentó del trato con personas, comunidades y contextos muy diferentes.

De ahí surge una enseñanza clara: quien quiere servir a una comunidad debe aprender también a comprender la diversidad humana que hay dentro de ella.

El conocimiento religioso también necesita gestión

Tras su etapa en Medina, Adil Hachmi tuvo que decidir entre continuar una vía estrictamente académica o complementar su formación con estudios de administración, dirección y gestión. Eligió esta segunda opción.

Explica que muchas comunidades, asociaciones y centros religiosos sufren no solo por falta de conocimiento islámico, sino también por falta de organización, planificación y administración. Una comunidad puede tener buena intención, pero si no sabe gestionar proyectos, personas y recursos, acaba acumulando problemas.

Por eso estudió administración de empresas y gestión de proyectos. Para él, la da‘wa, las actividades culturales, los centros islámicos y el trabajo comunitario también necesitan método, estructura y responsabilidad.

La idea es sencilla y muy práctica: el servicio religioso no puede depender solo del entusiasmo; también necesita preparación, orden y capacidad de gestión.

La Muslim World League y el Centro Cultural Islámico de Madrid

Durante la entrevista, Adil Hachmi explica también su labor dentro de la Muslim World League, la Liga del Mundo Islámico, una organización internacional con sede en La Meca y presencia en distintos países.

En España, esta institución está vinculada al Centro Cultural Islámico de Madrid, conocido popularmente como la mezquita de la M-30, además de otros centros y proyectos en distintas ciudades.

El Centro Cultural Islámico de Madrid no es únicamente un lugar de oración. También acoge clases, cursos, actividades de formación, visitas institucionales, encuentros culturales y programas educativos. Según explica, durante los fines de semana cientos de niños estudian árabe y educación islámica, y también se imparten clases para mujeres, adultos, nuevos musulmanes y musulmanes hispanohablantes.

Su responsabilidad allí implica oración, enseñanza, sermones, atención comunitaria, visitas oficiales, coordinación de actividades y acompañamiento religioso. Una labor amplia, diaria y exigente.

Preparar una jutba: claridad, brevedad y beneficio

Uno de los momentos más interesantes de la entrevista aparece cuando habla de la preparación de la jutba del viernes.

Adil Hachmi explica que los sermones deben cuidarse mucho. Tienen que transmitir mensajes claros, directos, breves, importantes y beneficiosos. En la mezquita de la M-30, además, el sermón se pronuncia en árabe y en español, lo que exige precisión en ambos idiomas.

El reto no es menor. Al centro pueden acudir miles de personas, entre fieles, visitantes y representantes diplomáticos. Por eso, el mensaje debe llegar con equilibrio: sin alargar innecesariamente, sin perder profundidad y sin olvidar las necesidades reales de la comunidad.

Una buena jutba no consiste en hablar mucho. Consiste en decir lo necesario, con conocimiento, oportunidad y responsabilidad.

Vida Life Spain: pozos, educación y ayuda social

La conversación también aborda su labor como presidente de Vida Life Spain, una organización nacida a partir de una iniciativa sencilla: construir un pozo en África como acto de gratitud a Allah.

Aquel primer pozo abrió la puerta a muchos más. Con el tiempo, y especialmente tras la crisis provocada por la pandemia, se hizo necesario formalizar el trabajo mediante una entidad legal, con cuentas, asesoramiento, auditoría y estructura administrativa.

Desde entonces, la organización ha trabajado en proyectos de agua potable, ayuda a huérfanos, apoyo educativo, fertilizantes para agricultores afectados por la sequía y mejora de infraestructuras en zonas necesitadas.

La acción social aparece aquí como una prolongación natural de la fe. No como un adorno. No como una actividad secundaria. Sino como una forma concreta de servir.

En la entrevista se recuerda una enseñanza atribuida al Profeta ﷺ: los mejores son quienes más benefician a la gente. Esa idea resume bien el sentido de este trabajo: la espiritualidad se demuestra también en aquello que alivia la vida de otros.

El futuro de la comunidad musulmana en España

Preguntado por el futuro de la comunidad musulmana en España, Adil Hachmi responde desde una mirada positiva. Observa una generación joven cada vez más activa, formada y comprometida, tanto entre hombres como entre mujeres.

Para él, ese movimiento es una señal esperanzadora. La comunidad necesita personas preparadas, capaces de aportar, organizar, enseñar y representar el Islam con conocimiento y buenos modales.

También recuerda que el futuro del Islam no depende de una única institución, país o grupo. Si un lugar deja de trabajar por el bien, Allah abre puertas en otros lugares. Por eso, afirma que conviene preocuparse menos por el futuro del Islam y más por la sinceridad, la responsabilidad y el trabajo propio.

Dicho de otro modo: el Islam no necesita defensores ruidosos, sino creyentes útiles, formados y coherentes.

Mezquitas abiertas y convivencia real

La entrevista dedica también espacio al papel de las mezquitas y centros islámicos en la cohesión social y el entendimiento interreligioso.

Adil Hachmi defiende la importancia de abrir las puertas de las mezquitas a no musulmanes, colegios, universidades, instituciones, visitantes, representantes de otras confesiones y personas interesadas en conocer el Islam de primera mano.

En el Centro Cultural Islámico de Madrid, según explica, estas visitas son habituales durante todo el año. Esa apertura permite desmontar prejuicios, explicar la fe con serenidad y construir relaciones más sanas con el entorno.

También recuerda algo importante: cada musulmán, lo quiera o no, actúa como embajador del Islam. Su comportamiento, sus modales, su forma de hablar y su manera de tratar a los demás terminan dando una imagen de su religión.

Por eso insiste en la necesidad de formarse, mejorar el carácter y ser ejemplos dignos de confianza. La convivencia no se sostiene solo con discursos, sino con personas que viven de manera respetuosa, justa y beneficiosa.

Una vida guiada por la complacencia de Allah

En una parte más personal de la entrevista, Adil Hachmi responde a distintas preguntas breves sobre sus valores, recuerdos y preferencias.

Entre los consejos que más han marcado su vida destaca uno: buscar la complacencia de Allah. También menciona como valores admirables la honestidad y los buenos modales, y como defectos especialmente graves la hipocresía, la mentira y la traición.

Cuando habla de aquello que más daño puede hacerle, no se refiere a una ofensa personal, sino a la injusticia contra los demás. Y cuando habla de aquello que más alegría le produce, señala la ayuda a las personas.

La felicidad, afirma, reside en complacer a Allah. La desgracia, en apartarse de Su camino.

También menciona una súplica coránica que le acompaña a diario: la petición de ser guiado por el camino recto. Es una frase breve, pero contiene una conciencia profunda: el corazón humano cambia, y por eso la guía debe pedirse cada día.

El conocimiento más importante: conocer a Allah

Preguntado por su logro más significativo en el camino espiritual, Adil Hachmi no menciona un cargo, un título ni una responsabilidad pública.

Habla del conocimiento básico de los nombres, atributos, poderío y soberanía de Allah. Para él, ese conocimiento permite a la persona conocer mejor a su Creador y ordenar su vida espiritual desde el tawhid, la afirmación de la unicidad divina.

Ese punto es esencial. En el Islam, conocer a Allah no es una cuestión puramente intelectual. Es una forma de transformar la mirada, la intención, la adoración y el comportamiento.

También señala la importancia de la súplica, especialmente cuando la persona se dirige a Allah en soledad, sin buscar mirada humana ni reconocimiento externo.

Ahí aparece otro tema central de la entrevista: la sinceridad. La vida espiritual pierde su raíz cuando se convierte en apariencia. Por eso, Adil Hachmi evita hablar de prácticas privadas que puedan alimentar la ostentación. La adoración íntima debe conservar su intimidad.

Educación, respeto y buenos modales

En la última parte de la entrevista se abordan varias cuestiones prácticas del Islam. La primera es la educación y el respeto, especialmente entre los jóvenes.

Adil Hachmi recomienda mirar al Profeta Muhammad ﷺ como el mejor modelo de guía, educación y carácter. Para él, el musulmán debe aportar a la sociedad, generar bien, cuidar sus modales y ser una presencia positiva allí donde vive.

Esto incluye también el trato hacia los no musulmanes. La buena educación no es selectiva. El musulmán debe actuar con respeto, civismo y nobleza con sus vecinos, compañeros, conciudadanos y con cualquier persona con la que conviva.

La enseñanza es clara: el buen carácter no es un complemento del Islam; es una de sus expresiones más visibles.

El matrimonio como proyecto de vida

Otro tema importante de la conversación es el matrimonio. Adil Hachmi lo define como una señal divina y como una asociación para el proyecto de la vida.

Elegir esposo o esposa no es, por tanto, una decisión menor. Es escoger a la persona con la que se caminará en esta vida y con la que se buscará también el bien de la otra.

Por eso aconseja a los jóvenes elegir con cuidado, atendiendo a la religión, los modales y la virtud. Un buen compañero o compañera puede ser un pilar para avanzar en los objetivos personales y espirituales. Una mala elección, en cambio, puede convertirse en un obstáculo muy serio.

El matrimonio aparece así como una responsabilidad compartida: no se trata solo de encontrar compañía, sino de construir una vida con sentido, misericordia y rectitud.

La oración: una cita diaria con Allah

Sobre la oración, Adil Hachmi recuerda que el salat es uno de los pilares del Islam y una conexión diaria con Allah. El Profeta ﷺ insistió en la oración incluso en sus últimos momentos, lo que muestra su centralidad en la vida del creyente.

Para Adil Hachmi, si la oración se debilita, la vida espiritual también se resiente. La oración no debe convertirse en un acto mecánico, vacío o rutinario. Por eso recomienda cuidar su vivencia, variar las recitaciones, renovar las súplicas y evitar que la repetición apague la presencia del corazón.

La oración es una cita con el Señor. Faltar a ella, descuidarla o hacerla sin atención termina afectando al resto de la vida.

La clave no está en cambiar la esencia del acto, sino en recuperar su conciencia: rezar no es cumplir un trámite; es volver, una y otra vez, a Allah.

La sinceridad y el peligro de vivir para agradar a la gente

La sinceridad aparece varias veces en la entrevista como una de las claves de la vida religiosa. Adil Hachmi recuerda la enseñanza del Profeta ﷺ: las obras dependen de las intenciones.

La niyya, la intención profunda, define el valor espiritual de los actos. Una acción puede parecer buena por fuera, pero perder su raíz si nace de la ostentación, del deseo de reconocimiento o de la necesidad de agradar a la gente.

Por eso insiste en orientar el corazón hacia Allah y evitar la complacencia humana como objetivo principal. Agradar a todas las personas es imposible. Buscar la complacencia de Allah, en cambio, ordena la vida interior.

También recomienda la reflexión, la súplica y la vigilancia del corazón. El creyente debe pedir firmeza, guía y rectitud, porque nadie está a salvo de desviarse si abandona el cuidado de su interior.

La sinceridad no se proclama; se cultiva. Y se cultiva lejos del ruido, en la intención, en la conciencia y en la relación íntima con Allah.

El arrepentimiento y la misericordia de Allah

La entrevista aborda también una pregunta dolorosa: qué puede hacer una persona que siente haber pecado demasiado y cree que Allah no la perdonará.

Adil Hachmi responde recordando que Allah ama a quienes se arrepienten y se purifican. Allah es el Más Misericordioso, el Indulgente, y Su misericordia no debe medirse con la desesperación humana.

Recuerda que no hay que desesperar de la misericordia de Allah, porque Allah perdona los pecados de quien vuelve a Él con sinceridad.

Al mismo tiempo, cuando una persona está hundida emocionalmente, recomienda buscar ayuda. A veces hace falta apoyo profesional, acompañamiento sano y un círculo que no agrave el daño interior.

La fe no niega el sufrimiento psicológico. Lo acompaña, lo orienta y llama a tratarlo con seriedad. Pedir ayuda no contradice la confianza en Allah; puede ser parte del camino para salir del daño.

La vida como confianza recibida

Ante la pregunta sobre una persona que piensa en el suicidio para acabar con su sufrimiento, Adil Hachmi responde desde una idea central del Islam: la vida y el cuerpo son una amana, una confianza que Allah ha entregado al ser humano.

La persona no es dueña absoluta de su cuerpo para destruirlo. Debe cuidarlo, protegerlo y no maltratarlo. Allah desea el bien para Sus siervos y por eso prohíbe aquello que los daña.

También insiste en que muchas personas que llegan a ese punto sufren una incapacidad profunda para gestionar emociones, soledad, abandono o dolor interior. Por eso vuelve a aparecer la necesidad de ayuda: apoyo psicológico, acompañamiento espiritual y entornos sanos.

La respuesta no es condenar sin mirar. Es comprender la gravedad del sufrimiento, recordar el valor sagrado de la vida y abrir caminos de ayuda real.

La vida es una confianza. Y toda confianza debe ser cuidada, especialmente cuando pesa.

Protección espiritual, autocontrol y fortaleza interior

La conversación termina con una pregunta sobre el mundo de los yinn, la ruqya, el sihr y la protección espiritual. Adil Hachmi advierte que este tema requeriría una explicación propia, más extensa y especializada.

Aun así, ofrece algunas claves generales. La persona cercana a Allah, constante en sus oraciones, en el recuerdo, en la recitación del Corán y alejada de los pecados graves, se encuentra espiritualmente más protegida.

También subraya la importancia de la fortaleza mental y del autocontrol. Las personas dominadas por la envidia, el odio, el rencor o la ira se vuelven más vulnerables al mal.

Recuerda una enseñanza del Profeta ﷺ sobre la ira: no dejarse arrastrar por el enfado. La fuerza verdadera no consiste en imponerse físicamente, sino en dominarse a uno mismo cuando la ira empuja hacia el insulto, la agresión o la injusticia.

También menciona las estrategias del shaytán: alejar al creyente de la fe, llevarlo hacia los grandes pecados, después hacia los pequeños, distraerlo de las buenas obras y, finalmente, consumir su tiempo en ocio vacío hasta debilitar su vida espiritual.

Conocer esas estrategias ayuda a protegerse. No desde el miedo, sino desde la vigilancia, el conocimiento y la conexión constante con Allah.

Lo que deja esta conversación

La entrevista con Adil Hachmi deja una imagen amplia de su trayectoria: un joven de Ceuta que viaja en busca del conocimiento, se forma durante años en Medina, complementa su preparación con gestión y administración, asume responsabilidades religiosas en Madrid y desarrolla proyectos sociales de alcance internacional.

Pero, por encima de los cargos y los estudios, el hilo que atraviesa toda la conversación es otro: sinceridad, servicio, educación, oración, buenos modales y responsabilidad ante Allah.

El Islam que aparece en sus palabras no es una idea abstracta. Es camino, disciplina, comunidad, misericordia y mejora constante.

Y quizá ahí está la enseñanza más útil de toda la entrevista: el conocimiento verdadero no aleja a la persona de la gente; la prepara para servirla mejor.

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